Penha Garcia: el río que nació en un mar. 1a Parte

DSC_1024-46DSC_1017-39Si. es un sitio donde hacen un buen “bacalhao”, donde celebran un mercado medieval en Agosto, donde se hace escalada, donde hay una piscina perfecta para el verano. Quizás sean dos partes de un mismo todo que conforman el modus vivendi de la población beiroa de Penha García. La orografía dicta las reglas aquí: te obliga a vivir en calles empinadas jalonadas de desniveles en curva ascendente dignos del  Alpe d’Huez.

DSC_0992-14 De repente entre el esfuerzo para recuperar el resuello y el ansia de ver que hay al otro lado de la Cima, el Castillo que se intuye como final del camino no es sino una estación de paso hacia la historia fósil de Penha García. Es una curiosa sensación imaginarse a caballeros medievales escudriñando estos farallones graníticos salpimentados de rastros de trilobites, huellas de sus paseos tan “pichis” por lo que entonces era el lecho marino. DSC_1087-107

Cuando pisas este enclave tan particular, desde donde divisas la Serra da Estrela en Portugal y Sierra de Gata en España, te embarga una macedonia de sensaciones:no sabes si mirar a los granitos que pueda tu vista alcanzar, mirar al fondo donde el ahora domesticado Ponsul está atrapado por el embalse y anestesiado por el rodezno de un molino aún operativo, o mirarte a tí mismo bajo el prisma de Antoine de Saint- Exupéry en El Principito: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.

Por que probablemente no necesitemos a estos últimos para sentir que en última instancia,estamos ante el triunfo del mundo rural practicando la cultura de lo mínimo de lo tranquilo y de lo verdaderamente importante. Seguramente muchos de los habitantes de Penha García no llegaron a saber con certeza que terreno pisaban ni bajo que período geológico se gestó todo aquello. Muy probablemente sus preocupaciones eran otras las tribulaciones derivadas  del ajetreado mundo moderno ni fueron ni van con ellos. Pueden probarlo cuando vengan: DSC_0989-11

Pueden saciar la sed derivada del desnivel de sus calles y comprar pan amasado en el horno unos momentos antes. Tendrán que seguir ascendiendo e incluso para pasar a la vertiente norte tengan que discurrir DSC_1019-41 por una de las calles más breves que puedan imaginarse pero todo tiene su recompensa.

Después cuando lleguen abajo junto al río …